jueves, 4 de diciembre de 2008
Los autores y poemas que me gusta leer.
Ilhan Berk
OSCURIDAD DEL SÁBADOCaminaremos durante un milenio
Saldremos primero a una calle
Un genovés me traerá noticias tuyas
Te esperaré desnudo
Nos ven desde Santa Sofía
No hay nadie que no nos vea
La oscuridad del sábado
Mira fijamente la iglesia polaca
Hemos esperado durante un milenio
Por primera vez estamos juntos en un poema
Dejando sus prendas a la noche
Correrán con nuestras noticias al sultán Mehmet
No puedo decir espero verte de nuevo
Pues nunca más podríamos volver a vernos.
MENOS
Una mañana nos despertamos y encontramos todas las puertas
cerradas todas las calles ocupadas
No me recobraré fácilmente
Creo que aquellas calles no irán a dar ya nunca más a ningún sitio
sin ti
Sin ti una ventana no abrirá al mar no intentará detenerse delante de
tu casa fácilmente
A la lluvia no se le ocurrirá llover así por que sí
Si te fueras adónde podrías ir aún no lo sé
Estar en Bizancio acaso esté bien acaso esté mal acaso no puedo ni
decir esto
A mi no me gustan las calles sin tiendecitas ni cafés tampoco me
gustan las habitaciones ni las paredes
No me gustan ni pizca los reyes
Supongamos que lo que dijiste resultara cierto, demos por sentado que
la primera vez que saliste saliste de nuestras calles por primera
vez
Nada de parrillas, nadie fríe pescado
Estás en una calle
No hay lechugas verdes membrillos ese calor de la pobreza, no hay
eso que digo
Un montón de cosas no van bien con el ser humano no se irán en un
día
Digamos que estás en un momento así
Que Constantino VI te ha cedido todas las aguas
Esto no es cambiar el universo
No lo es.
AMORES SIEMPRE AMORES
Una noche olvidé mis manos y mis brazos en la Avenida de Istiklal. Una noche yo no estaba, aquella noche no estaba la luna veneciana, aquella noche nadie estaba, vi.
Vi que mi amada dormía, el hombre dormía, el niño en el que me desperté una noche dormía con la boca entreabierta, los sábados dormían.
Maté al hombre.
Cogí la soledad de Ahmet II
Ocupé mi sitio.
Billy Collins
Thesaurus
It could be the name of a prehistoric beast
that roamed the Paleozoic earth, rising up
on its hind legs to show off its large vocabulary,
or some lover in a myth who is metamorphosed into a book.
It means treasury, but it is just a place
where words congregate with their relatives,
a big park where hundreds of family reunions
are always being held,
house, home, abode, dwelling, lodgings, and digs,
all sharing the same picnic basket and thermos;
hairy, hirsute, woolly, furry, fleecy, and shaggyall running a sack race or throwing horseshoes,
inert, static, motionless, fixed and immobilestanding and kneeling in rows for a group photograph.
Here father is next to sire and brother close
to sibling, separated only by fine shades of meaning.
And every group has its odd cousin, the one
who traveled the farthest to be here:
astereognosis, polydipsia, or some eleven
syllable, unpronounceable substitute for the word tool.
Even their own relatives have to squint at their name tags.
I can see my own copy up on a high shelf.
I rarely open it, because I know there is no
such thing as a synonym and because I get nervous
around people who always assemble with their own kind,
forming clubs and nailing signs to closed front doors
while others huddle alone in the dark streets.
I would rather see words out on their own, away
from their families and the warehouse of Roget,
wandering the world where they sometimes fall
in love with a completely different word.
Surely, you have seen pairs of them standing forever
next to each other on the same line inside a poem,
a small chapel where weddings like these,
between perfect strangers, can take place.
It could be the name of a prehistoric beast
that roamed the Paleozoic earth, rising up
on its hind legs to show off its large vocabulary,
or some lover in a myth who is metamorphosed into a book.
It means treasury, but it is just a place
where words congregate with their relatives,
a big park where hundreds of family reunions
are always being held,
house, home, abode, dwelling, lodgings, and digs,
all sharing the same picnic basket and thermos;
hairy, hirsute, woolly, furry, fleecy, and shaggyall running a sack race or throwing horseshoes,
inert, static, motionless, fixed and immobilestanding and kneeling in rows for a group photograph.
Here father is next to sire and brother close
to sibling, separated only by fine shades of meaning.
And every group has its odd cousin, the one
who traveled the farthest to be here:
astereognosis, polydipsia, or some eleven
syllable, unpronounceable substitute for the word tool.
Even their own relatives have to squint at their name tags.
I can see my own copy up on a high shelf.
I rarely open it, because I know there is no
such thing as a synonym and because I get nervous
around people who always assemble with their own kind,
forming clubs and nailing signs to closed front doors
while others huddle alone in the dark streets.
I would rather see words out on their own, away
from their families and the warehouse of Roget,
wandering the world where they sometimes fall
in love with a completely different word.
Surely, you have seen pairs of them standing forever
next to each other on the same line inside a poem,
a small chapel where weddings like these,
between perfect strangers, can take place.
(Traducción por Eberth Munárriz):
Podría ser el nombre de una bestia prehistórica
que pisó la tierra Paleozoica, irguiéndose
en sus patas traseras para mostrar sus enorme vocabulario,
o algún amante dentro de un mito que se ha metamorfoseado en libro.
Significa tesoro, pero es sólo un lugar
donde las palabras se congregan con sus familiares,
un gran parque en que cientos de reuniones familiares
se dan y se dan
casa, hogar, domicilio, vivienda, alojamiento, y hueco,todas compartiendo el mismo termo y canasta de picnic;
velludo, hirsuto, lanudo, peludo, lanoso, y greñudo,
todas corriendo una carrera de sacos o tirando herraduras,
inerte, estático, inactivo, fijo e inmóvilparadas y arrodilladas en filas para una foto de grupo.
Aquí padre está junto a progenitor y hermano cerca
a fraterno, separados a penas por finos tonos de significado.
Y cada grupo tiene su primo lejano, aquél
que dio el viaje más largo para estar presente:
astereognosis, polidipsia, o algún impronunciable
substituto de once sílabas para la palabra herramienta.
Hasta sus parientes se sienten sin lentes frente a sus gafetes.
Puedo ver mi propio ejemplar allá en lo alto del librero.
Rara vez lo abro, porque sé que no hay
tal cosa como un sinónimo y porque me pongo nervioso
entre gente que se reúne siempre con los suyos,
formando clubes y clavando letreros en sus puertas cerradas
mientras los demás se ovillan solos en las calles obscuras.
Prefiero ver las palabras afuera por su cuenta, lejos
de sus familias y del depósito de Roget,
vagando por el mundo en el que a veces caen
enamoradas de una palabra completamente extraña.
Seguro has visto parejas paradas por siempre
juntas en la misma línea en un poema,
una capillita donde matrimonios como éstos,
entre perfectos extraños, pueden suceder.
ENRIQUE VERASTEGUI
Enrique
Fidel Verástegui Peláez (Cañete (Perú), 24 de abril de 1950), es un
poeta, ensayista, cuentista, novelista, dramaturgo, guionista,
matemático y lógico peruano.
Autor de una vastísima obra poética y académica.
PRIMER ENCUENTRO CON LEZAMA
Llevo un sol en mis bolsillos
pero ya no tengo nada en mí
no puedo soñar cantar pensar en cosas concretas
no puedo soñar cantar escribir ese poema para ti mi gatita
arañándome el hombro
y mis vecinos me tienen controlado
me ven llegar como una peste
y hablan de mí
entre comillas soy el ocioso el paria el que llega tarde en la noche
y corro por estas calles de Lima
buscando recordando a Vívian
cayéndome en pedazos consumido por mí mismo y tu no hacías nada
por mí, viejo Lezama, estás ya viejo, pero te guío por estos
sitios
Vívian solía aparecer desnuda con sus enormes muslos de cedro
y mira acá esta foto: es Jericó devastada por el mal uso de los sebos,
por la droga, las flores de plástico
y sal un poco de tus paginas, de esos aires, Lezama, sé que el asma
es tu paraíso
pero comparando nuestros árboles, nuestra sana manera de
tendemos en la yerba
yo habito mas que el infierno
y debo caminar pudriéndome por quedar bien contigo mientras
vamos paseando por Tacora
entre prostitutas y ladrones
que no logran robarnos nada porque nada tenemos pero tenemos
hambre y comemos ciruelas
y corremos fugándonos sin cancelar la cuenta
y otra vez estamos en la plaza San Martín frente al caballo inmovilizado
por las cámaras de los turistas
sin saber dónde ir ni qué ómnibus tomar
sin saber cómo ni cuándo apareciste en Lima sorpresivamente como
esas pocas lluvias que llegan para lavamos de la duda
y ahora estamos contigo en el café Palermo
ahora ya puedo decir que tus palabras huelen a manzano y los
manzanos son gente sencilla que ignora el uso de la palabra
gente que ignora el mal uso de la palabra
ahora sé que nada se perdió
y aprendí que el verso más claro está garabateado sobre la pared
de los baños
y voy recitándolo con voz sonora en medio de la calle
mientras me alejo y llevo a Lezama prendido como un laurel sobre
el ojal de mi camisa
yo no quiero brillar con esa intensidad de aviso Phillips
yo tengo un brillo en las pupilas
tan claro como el verso más claro que ahora voy gritando por estas
páginas sórdidas
y somos arrojados uno al lado de otro sobre esta gran ciudad caminan
un par de iguanas
reptando y comiéndose la luna
uno más joven que el otro
uno más flaco y pálido y callado y con las alas cortadas por la
rutina de estar continuamente dando batallas a la rutina
dando vueltas
y más vueltas encima de los cables
otra vez solo
sin nadie con quien cruzar unas palabras, una idea,
y los ojos están ardiéndote,
todo lo que miras es alcanzado por el fuego,
como en la hora del Juicio Final,
he llegado a mí después de haber gritado en las praderas porque
todos huían de ti pero ya tu habías huído de todos
y el corazón te quema más que un buen vaso de brandy en el
estómago
más que todos los fogones ardiendo juntos de noche sobre los campos,
el corazón es mi palabra y más que mi palabra soy yo ardiendo de
noche sobre los corazones que aún no han conocido el amor
y están desesperados gimiendo arrancándose los cabellos.
sábado, 8 de noviembre de 2008
MOISES BOTTA CEDEÑO
ACTOS RESUMIDOS
a
RETUMBAN los tambores en la Historia,
Cae desmoronado el linaje
Contrae la era en tributo a un Dios Inútil.
Oh rayo de luz estéril
Oh semilla escondida en los Salmos:
Escruta mi testimonio en los arrecifes del albedrío.
Luz dispersa desde el destello,
Aquí no somos inmortales,
Nos perderemos entre catafalcos y bruma,
Aniquilados por los avatares,
Seguro nos
diluyen los misterios.
b
Cae línea en vertical perfecta,
Sin dubitaciones
Copula sobre el agua
Busca plenitud repitiendo el acto.
Incansable
Prudente
Repetirá el rito
Hasta el cansancio perfecto.
c
Shika
Pronuncia la cola en el vacío
Ejecuta círculos
Abre los ojos para no perder la memoria:
Agua fresca,
Golpe fuerte,
Respiración entrecortada.
Intuye el fin del instinto
Estampada en la Nada.
c
Aquí
Cae la piedra desde el vacío
Mientras veo
llegar la noche.
d
Te asemejas a la chica de ojos celestes
Que busca la Osa Mayor
Al otro lado del recuerdo.
INFORME PRELIMINAR
Camino por estas calles para olvidar el hastío,
Las cosas suceden simplemente.
Olvidaré el hastío caminando.
Este aroma a canela no debe ser de aquí.
Este aroma a canela no debe ser de aquí.
Los parques cubiertos de pájaros son una fotografía de Tino Soriano,
Deambula la tarde ante ojos siniestros.
Nunca me ha gustado la muchedumbre, ese conjunto de partículas
Que forma a un átomo imperfecto.
Yo, el protón extemporáneo del laboratorio nuclear,
La noche licuada de sol y olor a lodo,
Paso ante ti indiferente.
Se que el devenir me espera, de brazos cruzados.
La noche nunca fue perfecta sin ti.
El viento mueve los cables de alumbrado que sostienen golondrinas muertas,
¿Tu adiós se debe a la debilidad de los cables o a la fuerza del viento?
Sigo haciendo las mismas cosas de hace treinta años
Las mismas estúpidas cosas,
Como navegar en el Pirata Morgan para mirar el rio sucio,
La oscuridad ilumina el cauce, limpia la corriente.
No se que hacer con la botella de Pilsener entre mis manos,
Vacía.
ESTOS TIEMPOS
Y de pronto sentiste la imperiosa necesidad de partir.
Así suelen llegar en estos tiempos los deseos,
Como una gestante ansía de repente comerse el tallo de una manzana.
No lo niego:
Esa noche no pude dormir.
Me senté en el colchón como un idiota
A escribir poemas en el cuaderno que encontré sobre la mesa de comer.
Fue la mejor idea de entre barrer el piso del departamento, matar insectos
O cepillar la bañera.
Incluso hacer una lista de tareas no me pareció interesante.
El galón de agua guardado en el refrigerador quedó a la mitad.
Es sorprendente no haber tenido la imperiosa necesidad,
Como ocurre en estos tiempos,
De beber un trago de vodka con gotitas de Pernod.
Es que la faceboolización no es el non plus ultra de mi existencia.
Me conformo con sentarme en una silla de laurel
A mirar el mar por horas,
Mientras desesperas si no contestan tus SMS de ternura,
Precisamente a la hora en que me siento en una silla de laurel
A mirar el mar por horas.
La buena noticia es que los teléfonos convencionales están en peligro de extinción.
Del riiiiiingggg riiiiiiing se ha pasado
Al leve cosquilleo a la altura del bolsillo, sobre el muslo.
Se puede traducir como un riiiing menos fastidioso,
mucho menos aun que vivir pendiente de palabras ansiosas
Brillantes cual lucecitas en la pantalla de un Nokia cubierto de bacterias.
COTIDIANO
Que la vida es asi ya lo sabía,
Que los adioses y bienvenidas tienen una concordancia perfecta
Que los desaires y desconciertos alternan siempre
Es, desde el colegio, lección aprendida.
Entonces:
¿Me pueden sorprender tus motivos?
Las excusas llegan solas
Mientras me levanto de la cama con el mismo sabor de boca de ayer
entro al baño y miro la pasta dental caída sobre el lavabo,
con la franja roja hacia arriba,
Como un niño pidiendo una explicación.
ESTA MADRUGADA SIN FECHA
Esta madrugada crecerá mas rápido mi barba, estoy seguro.
Lo afirmo en base al crecimiento sostenido y exponencial de la luna desde
Medianoche.
¿Esa fue la hora de tus últimas palabras?
¿O fue cuando vi estrellarse contra la ventana una Gran Mariposa Amarilla?
Afuera creo que llueve
¿O será el jugo de estas mandarinas cayendo de golpe sobre el estómago?
Solo se que arde como una úlcera y no es demasiado tarde.
Ya no escucho el ruido del ventilador purificando la noche,
Las canciones que vigilan mi insomnio han perdido su ritmo,
Solamente escucho el saxo.
Todo tiembla como el vapor sobre el asfalto un domingo de carnaval.
Este no soy yo siquiera, soy Otro,
la huella seguida por un habitante citadino,
Náusea disfrazada con ternura,
Odio frotando su lomo en las rodillas,
Gato de mentira ronroneando por el pedazo de carne
Que dejé caer de la boca, sin masticar.
PIEDRAS
Aquí están las piedras del malecón
quietas, frías, eternas
La locura de su inmovilidad,
Ciudad quieta, definida, gloriosa
huele a nada, todo se puede esperar.
Erguidas sobre el mar, sustentadas en la angustia, los cerros,
las calles, el sonido incierto de las ambulancias
apagando el llanto del lactante.
Este viaje interminable donde
Apagan y encienden las luces pero
siempre vuelvo a ti/
dueña del verdor miserable/inmóvil/taciturna
dulce como una dama en la fotografía.
Atmósfera despejada sobre la tableta,
llega a Cojimies un correo cualquiera/
la velocidad me impide retener los recuerdos
casas de madera y de miseria
calles de arena y tierra donde transito aun .
De ti no he partido/ no me he despedido de tu olor
ni de tu voz,
de la partículas biológicas que pulsan en el aire
donde no termino de crecer.
Artefactos misteriosos sobre el agua/
perfecta basura tecnológica estancada en el lodo cuando
huye la marea; y tu, erguida
como un mangle sorprendido.
Las piedras siguen allí,
negras, cafeses, verdosas/ permanentes huecos del amanecer
estampadas en la memoria.
COTIDIANO
Que la vida es asi ya lo sabía,
Que los adioses y bienvenidas tienen una concordancia perfecta
Que los desaires y desconciertos alternan siempre
Es, desde el colegio, lección aprendida.
Entonces:
¿Me pueden sorprender tus motivos?
Las excusas llegan solas
Mientras me levanto de la cama con el mismo sabor de boca de ayer
entro al baño y miro la pasta dental caída sobre el lavabo,
con la franja roja hacia arriba,
Como un niño pidiendo una explicación.
ESTA MADRUGADA SIN FECHA
Esta madrugada crecerá mas rápido mi barba, estoy seguro.
Lo afirmo en base al crecimiento sostenido y exponencial de la luna desde
Medianoche.
¿Esa fue la hora de tus últimas palabras?
¿O fue cuando vi estrellarse contra la ventana una Gran Mariposa Amarilla?
Afuera creo que llueve
¿O será el jugo de estas mandarinas cayendo de golpe sobre el estómago?
Solo se que arde como una úlcera y no es demasiado tarde.
Ya no escucho el ruido del ventilador purificando la noche,
Las canciones que vigilan mi insomnio han perdido su ritmo,
Solamente escucho el saxo.
Todo tiembla como el vapor sobre el asfalto un domingo de carnaval.
Este no soy yo siquiera, soy Otro,
la huella seguida por un habitante citadino,
Náusea disfrazada con ternura,
Odio frotando su lomo en las rodillas,
Gato de mentira ronroneando por el pedazo de carne
Que dejé caer de la boca, sin masticar.
PIEDRAS
Aquí están las piedras del malecón
quietas, frías, eternas
La locura de su inmovilidad,
Ciudad quieta, definida, gloriosa
huele a nada, todo se puede esperar.
Erguidas sobre el mar, sustentadas en la angustia, los cerros,
las calles, el sonido incierto de las ambulancias
apagando el llanto del lactante.
Este viaje interminable donde
Apagan y encienden las luces pero
siempre vuelvo a ti/
dueña del verdor miserable/inmóvil/taciturna
dulce como una dama en la fotografía.
Atmósfera despejada sobre la tableta,
llega a Cojimies un correo cualquiera/
la velocidad me impide retener los recuerdos
casas de madera y de miseria
calles de arena y tierra donde transito aun .
De ti no he partido/ no me he despedido de tu olor
ni de tu voz,
de la partículas biológicas que pulsan en el aire
donde no termino de crecer.
Artefactos misteriosos sobre el agua/
perfecta basura tecnológica estancada en el lodo cuando
huye la marea; y tu, erguida
como un mangle sorprendido.
Las piedras siguen allí,
negras, cafeses, verdosas/ permanentes huecos del amanecer
estampadas en la memoria.
sábado, 25 de octubre de 2008
Hoy en tu teoría
Debías saberlo, colecciono tus fotos, tengo cientos, miles, las subo a photospace y es como guardar tu cuerpo en una cámara criogénica, para hacerte vivir después de un tiempo, como antes. Sin ninguna duda eras una belleza, temporal, momentánea, inestable, como quieras llamarla...por eso guardo tus imágenes, trato de transformar aquello hasta convertirte en una historia repetida, que al fin de cuentas no es otra cosa que una realidad interminable.
Comencé aquella tarde después de las clases de Anatomía, cuando nos encontramos de casualidad en Lorenzo de Garaicoa y Luque, te invité a una cerveza, ¿recuerdas? Fuimos al hotel nuevo como a diez cuadras que divisamos mientras buscábamos uno que se ajuste al presupuesto. Mientras acomodabas tu mochila de actriz y te desvestías de ese jean viejo y desaliñado que te encantaba y de ese calzon de muñequita más que de mujer de 23. Sin darte cuenta hice algunas tomas con una desactualizada canon de 2 megapixeles y 3x de zoom optico. Te juro que tenía otras ideas cuando las tomé, quizás crear un blog porno, de esos donde las chicas salen con el rostro oculto y titularlo: mis ex-novias o algo así. Esa tarde hicimos el amor como animales en celo y al final, en el último duchazo dijiste te amo, sentí escalofríos. Tal vez fue en ese momento cuando cambié de idea y decidí crear un album privado donde guardaría todos tus instantes, tus respiraciones, miradas, movimientos musculares, tips y hasta las palabras recortadas en pequeñas vocalizaciones que estarían grabadas en algún lugar de la web.
La segunda vez fue en el teatro La Mueca, mientras elaborabas un monólogo original, olvidé insertar la memoria en el aparato y no pude hacer más que 30 tomas, pero salieron geniales. Tu pelo ensortijado parecía formar letras, palabras y frases mientras ondulaba y se desplegaba en cada uno de los movimientos de ese cuerpo que al momento no era tuyo, era del público, de los ojos, de las neuronas que procesaban tu imagen hasta convertirla en pequeñísimas cantidades de sustancias químicas, neurotransmisores e impulsos eléctricos. Debo confesarte que soy un admirador de tu puesta en escena, de la forma como te aislas para mostrarte y expresas ante la nada de los aplausos y la bulla de quienes muchas veces no entienden pito de lo que haces.
Luego se me hizo costumbre, te filmaba mientras dormías, cuando comías, te bañabas, llorabas o gritabas. Un vicio diría yo, llegue a subir tantas fotos que alcancé el límite de almacenamiento en photospace y tuve que abrir archivos en otros sitios de hosting, free por supuesto. Traté siempre de que no lo notaras, con la historia que hice de tomar fotos en blanco y negro para armar mi colección de instantes, objetos, sin figuras animadas, peor aún personas. Siempre me gustó tu confianza ciega en lo que decía, aunque mintiera me creías, eso es amor pensaba yo. También lo hice, jamás dudé de tus palabras, de los ensayos hasta las dos de la madrugada, de las presentaciones en Cuenca, toda una semana sin verte, de los amigos cogidos de la mano, del pelo mojado al regresar, del jabon de motel que encontré en la cartera, de la vagina húmeda al visitarte en el departamento y de ese olor repetitivo y super reconocible, elaborado en mi imaginación, que olafateaba cuando nos encontrabamos o en los sitios cerrados donde habías estado. Las fotos continuaron y el nombre de los sitios cambiaba cada vez.
Seguías actuando y yo persiguiendote como un admirador obsesionado que arma su propio club de fans, buscando espacios para verte, espantando sueños para crearlos , alejando amigos para no compartirte. Huyendo de la rutina contigo, porque estar junto a ti era explorar mundos nuevos a cada instante. Universos que se perennizaban en la web, una manera de llevarte a la eternidad de una existencia por ahora sin fin.
Una tarde cualquiera, nublada, caminando por Capitán Nájera, donde los papeles sucios se elevan hasta la altura de la rodilla cuando el viento sopla y las piedras en plena calle recuerdan el último partido de indor jugado el domingo. Percibiendo el hedor de los cartones, pegados a las paredes de las casas, aguardando los cuerpos sucios y enfermos de los mendigos dipsómanos que descansan allí; atento a los lanzas, tipos delgados, escuálidos que utilizan gorras de beisbolista y copias de gafas ray ban, dedicados a arranchar cualquier objeto de valor que lleves encima, calle de desesperanzados y conformistas, de alcohólicos y empleados de oficinas mediocres, de evangelistas, mormones y feligreses de iglesias católicas donde el cura da la misa después de mansturbarse tres veces en el confesionario. Calle devoradora de ilusiones, de lámparas quemadas y aceras de ciudad en guerra, perros espantosos y casas despintadas.
¿Conoces palabras suficientes para escribir poesía?
No tantas como Balseca o Nieto, pero suficientes para llegar al nivel de despertar emociones.
Ah, y esa música de evanescense ¿Desde cuándo te gusta?
No me agradan todas: my inmortal, bring me to life, going under, sweet sacrifice, call me when you are sober, son las más cheveres...
Mientras bajabas las medias largas, multicolores que cubrían tus muslos delgados y blancos, llenos de pecas, después de una actuación. Ya sin mirarte a los ojos, ya sin estar seguro de nada o especialmente seguro de una sola cosa.
No se cuando comencé a imaginarte inmóvil, pálida, con labios amoratados y rostro lívido, pero esas imagenes se repetían reproduciendose en mi cabeza como una cinta sin fin. Te veía pero ya no eras ella, ahora otra, una mezcla de maldiciones y pesadillas, todas las tristezas juntas en tu cuerpo, todas las depresiones en el destello de tus ojos y las noches se volvieron tan largas que ocupaban los días y las mañanas que no existían llegaron a ser anheladas tanto como la vida sin imagenes, la carencia de fotografías, la vida sin cámaras. Entonces ya no era necesario tomar instantáneas, eras el instante detenido, la pose permanente, la palabra repetida de un disco de vinyl rayado. Sin embargo, el mundo seguia, mis manos buscaban otros ambitos alrededor de la existencia detenida.
Cuando llegue atrasado te sorprendiste, no era mi costumbre, puse mi brazo en tu hombro y entramos al hotel, volvi al lugar que nunca existio, desnude lentamente tu cuerpo transparente, lamí tus palabras nunca pronunciadas, segundo a segundo, con la paciencia increible de la pasion y la lujuria, devore ese cuerpo dedicado en el pasado a otros menesteres y resolví toda duda.
Y fueron la tarde y la mañana el día final, la historia del amor mas puro que se recuerde, la crónica de tus muslos blancos, de la sangre corriendo sobre las baldosas, del sentimiento inerte al lado de una cámara abandonada.
Comencé aquella tarde después de las clases de Anatomía, cuando nos encontramos de casualidad en Lorenzo de Garaicoa y Luque, te invité a una cerveza, ¿recuerdas? Fuimos al hotel nuevo como a diez cuadras que divisamos mientras buscábamos uno que se ajuste al presupuesto. Mientras acomodabas tu mochila de actriz y te desvestías de ese jean viejo y desaliñado que te encantaba y de ese calzon de muñequita más que de mujer de 23. Sin darte cuenta hice algunas tomas con una desactualizada canon de 2 megapixeles y 3x de zoom optico. Te juro que tenía otras ideas cuando las tomé, quizás crear un blog porno, de esos donde las chicas salen con el rostro oculto y titularlo: mis ex-novias o algo así. Esa tarde hicimos el amor como animales en celo y al final, en el último duchazo dijiste te amo, sentí escalofríos. Tal vez fue en ese momento cuando cambié de idea y decidí crear un album privado donde guardaría todos tus instantes, tus respiraciones, miradas, movimientos musculares, tips y hasta las palabras recortadas en pequeñas vocalizaciones que estarían grabadas en algún lugar de la web.
La segunda vez fue en el teatro La Mueca, mientras elaborabas un monólogo original, olvidé insertar la memoria en el aparato y no pude hacer más que 30 tomas, pero salieron geniales. Tu pelo ensortijado parecía formar letras, palabras y frases mientras ondulaba y se desplegaba en cada uno de los movimientos de ese cuerpo que al momento no era tuyo, era del público, de los ojos, de las neuronas que procesaban tu imagen hasta convertirla en pequeñísimas cantidades de sustancias químicas, neurotransmisores e impulsos eléctricos. Debo confesarte que soy un admirador de tu puesta en escena, de la forma como te aislas para mostrarte y expresas ante la nada de los aplausos y la bulla de quienes muchas veces no entienden pito de lo que haces.
Luego se me hizo costumbre, te filmaba mientras dormías, cuando comías, te bañabas, llorabas o gritabas. Un vicio diría yo, llegue a subir tantas fotos que alcancé el límite de almacenamiento en photospace y tuve que abrir archivos en otros sitios de hosting, free por supuesto. Traté siempre de que no lo notaras, con la historia que hice de tomar fotos en blanco y negro para armar mi colección de instantes, objetos, sin figuras animadas, peor aún personas. Siempre me gustó tu confianza ciega en lo que decía, aunque mintiera me creías, eso es amor pensaba yo. También lo hice, jamás dudé de tus palabras, de los ensayos hasta las dos de la madrugada, de las presentaciones en Cuenca, toda una semana sin verte, de los amigos cogidos de la mano, del pelo mojado al regresar, del jabon de motel que encontré en la cartera, de la vagina húmeda al visitarte en el departamento y de ese olor repetitivo y super reconocible, elaborado en mi imaginación, que olafateaba cuando nos encontrabamos o en los sitios cerrados donde habías estado. Las fotos continuaron y el nombre de los sitios cambiaba cada vez.
Seguías actuando y yo persiguiendote como un admirador obsesionado que arma su propio club de fans, buscando espacios para verte, espantando sueños para crearlos , alejando amigos para no compartirte. Huyendo de la rutina contigo, porque estar junto a ti era explorar mundos nuevos a cada instante. Universos que se perennizaban en la web, una manera de llevarte a la eternidad de una existencia por ahora sin fin.
Una tarde cualquiera, nublada, caminando por Capitán Nájera, donde los papeles sucios se elevan hasta la altura de la rodilla cuando el viento sopla y las piedras en plena calle recuerdan el último partido de indor jugado el domingo. Percibiendo el hedor de los cartones, pegados a las paredes de las casas, aguardando los cuerpos sucios y enfermos de los mendigos dipsómanos que descansan allí; atento a los lanzas, tipos delgados, escuálidos que utilizan gorras de beisbolista y copias de gafas ray ban, dedicados a arranchar cualquier objeto de valor que lleves encima, calle de desesperanzados y conformistas, de alcohólicos y empleados de oficinas mediocres, de evangelistas, mormones y feligreses de iglesias católicas donde el cura da la misa después de mansturbarse tres veces en el confesionario. Calle devoradora de ilusiones, de lámparas quemadas y aceras de ciudad en guerra, perros espantosos y casas despintadas.
¿Conoces palabras suficientes para escribir poesía?
No tantas como Balseca o Nieto, pero suficientes para llegar al nivel de despertar emociones.
Ah, y esa música de evanescense ¿Desde cuándo te gusta?
No me agradan todas: my inmortal, bring me to life, going under, sweet sacrifice, call me when you are sober, son las más cheveres...
Mientras bajabas las medias largas, multicolores que cubrían tus muslos delgados y blancos, llenos de pecas, después de una actuación. Ya sin mirarte a los ojos, ya sin estar seguro de nada o especialmente seguro de una sola cosa.
No se cuando comencé a imaginarte inmóvil, pálida, con labios amoratados y rostro lívido, pero esas imagenes se repetían reproduciendose en mi cabeza como una cinta sin fin. Te veía pero ya no eras ella, ahora otra, una mezcla de maldiciones y pesadillas, todas las tristezas juntas en tu cuerpo, todas las depresiones en el destello de tus ojos y las noches se volvieron tan largas que ocupaban los días y las mañanas que no existían llegaron a ser anheladas tanto como la vida sin imagenes, la carencia de fotografías, la vida sin cámaras. Entonces ya no era necesario tomar instantáneas, eras el instante detenido, la pose permanente, la palabra repetida de un disco de vinyl rayado. Sin embargo, el mundo seguia, mis manos buscaban otros ambitos alrededor de la existencia detenida.
Cuando llegue atrasado te sorprendiste, no era mi costumbre, puse mi brazo en tu hombro y entramos al hotel, volvi al lugar que nunca existio, desnude lentamente tu cuerpo transparente, lamí tus palabras nunca pronunciadas, segundo a segundo, con la paciencia increible de la pasion y la lujuria, devore ese cuerpo dedicado en el pasado a otros menesteres y resolví toda duda.
Y fueron la tarde y la mañana el día final, la historia del amor mas puro que se recuerde, la crónica de tus muslos blancos, de la sangre corriendo sobre las baldosas, del sentimiento inerte al lado de una cámara abandonada.
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